Si tu empresa exporta y tu web está solo en español, cada comprador extranjero que te busca llega a una página que no entiende, y se va con tu competencia.
Pero traducir mal es casi peor que no traducir. Estos son los seis errores que vemos una y otra vez.
1. El traductor automático encima de la web
Ese botón que traduce la página al vuelo tiene tres problemas graves.
Google no indexa ese contenido. La traducción ocurre en el navegador del visitante, así que para Google tu web sigue siendo solo española. No apareces en búsquedas en alemán ni en inglés. Cero.
La traducción es literal. Los nombres de tus productos, tus condiciones de venta y tu propuesta comercial salen traducidos palabra por palabra. Un importador que ve eso entiende que no os tomáis en serio su mercado.
Da mala imagen, y precisamente en el momento en que estás intentando demostrar profesionalidad.
Lo correcto: cada idioma en su propia página, con su dirección propia y su texto escrito por alguien que domina el idioma.
2. No poner hreflang
El hreflang es la etiqueta que le dice a Google: «esta página es la versión alemana de esta otra». Sin ella, Google ve páginas parecidas en idiomas distintos y no sabe cuál mostrar a quién.
Resultado habitual: a un usuario alemán le enseña tu página española.
Es invisible para el visitante y decisivo para el buscador. Y falta en la gran mayoría de webs multiidioma que analizamos.
3. Usar banderas para elegir idioma
Parece un detalle y no lo es. Una bandera representa un país, no un idioma.
¿Qué bandera pones para el inglés? ¿La británica? Entonces un estadounidense duda. ¿Y para el español, con veinte países que lo hablan?
Lo correcto: el nombre del idioma en su propio idioma. Deutsch, Français, Nederlands. Sin ambigüedad.
4. Traducir el escaparate y dejar el resto en español
El menú y la portada en inglés, y en cuanto el visitante pincha en un producto, todo vuelve al español. O peor: rellena el formulario de contacto y los campos están en español.
Es el momento exacto en que decide que no vas en serio, y justo cuando estaba a punto de escribirte.
Si traduces, traduce el recorrido completo: formularios y correos automáticos incluidos.
5. Traducir a idiomas que no te van a comprar
Más idiomas no es mejor. Cada uno es contenido que mantener actualizado para siempre.
Elige por mercado, no por ambición. Si el 80% de tu exportación va a Alemania y Países Bajos, empieza por alemán y neerlandés. El italiano puede esperar.
6. Olvidar el registro y las convenciones locales
En alemán y francés, un cliente empresarial espera trato formal (Sie, vous). En español, neerlandés e italiano el tuteo suele funcionar mejor. Usar el registro equivocado suena raro aunque la gramática sea perfecta.
Y lo mismo con formatos: fechas, decimales, unidades, moneda. Detalles que delatan si la traducción la hizo alguien que conoce el mercado o una máquina.
Cómo saber si tu web está bien montada
Tres comprobaciones que puedes hacer ahora mismo:
- Una: cambia el idioma. ¿Cambia la dirección de la página, o sigue siendo la misma? Si sigue igual, Google no ve las traducciones.
- Dos: busca tu producto en Google en el otro idioma, en una ventana de incógnito. ¿Apareces?
- Tres: cambia a inglés y navega tres páginas hacia dentro. ¿Sigue todo en inglés, o vuelve al español?
Si al cambiar de idioma la dirección de la página no cambia, para Google esa traducción no existe.
Cómo lo hacemos nosotros
Esta misma web está en seis idiomas: español, inglés, alemán, francés, neerlandés e italiano.
Cambia el selector de arriba y fíjate en la barra de direcciones: la dirección cambia. Cada idioma es una página real, indexable, con su hreflang, escrita en el registro correcto. No hay traductor automático por ningún lado.
Es la mejor demostración que podemos darte de lo que sabemos hacer: estás navegando por ella.